La
estratégica disposición de la ciudad, entre el eje
de comunicaciones Madrid- Barcelona, proporciona actualmente una
actividad intensa con un crecimiento ordenado y progresivo. Pero
esta misma ubicación fue utilizada mucho antes por las
distintas culturas que pasaron por estas tierras. Cada una de
ellas dejó en Calatayud vestigios y señas de identidad
características para desembocar en una ciudad llena de
contrastes.
A
los pies del castillo de Ayyub surge un compendio de atractivos
históricos, culturales, festivos y gastronómicos
que hacen frente a un turismo que, en muchas ocasiones, supera
las expectativas previsibles. Además de los consolidados
recursos de la zona, como el termalismo o el Monasterio de Piedra,
Calatayud brinda al viajero la posibilidad de sumergirse en recorridos
históricos, en paseos con encanto, secundados desde hace
un tiempo por nuevos atractivos de ocio y entretenimiento.
A la exquisitez del mudéjar, al pasado celtíbero
o a la sugestión judáica se unen propuestas tan
actuales como el golf, tan en boga estos últimos años.
Pero lo que siempre prevalece es un sabor intenso proporcionado
por el rico mercado de abastos con el que cuenta uno de los rincones
turísticos más estables de Aragón.
Colegiata
de Santa María la Mayor: Uno de los emblemas arquitectónicos.
Se trata de un templo, perteneciente a un estilo protobarroco,
construido a principios del XVII que consta de tres naves. Algunos
de sus elementos simbólicos son el claustro, el ábside
y la torre mudéjar octogonal que tiene una altura de sesenta
y ocho metros. La Colegiata fue declarada Monumento Nacional en
1884.
Colegiata
del Santo Sepulcro: Construida en 1156 destaca el ladrillo
exterior que viste toda la fachada y sus dos idénticas
torres frontales. Una vez en el interior, la Colegiata sorprende
por la armonía que forma el mármol en varias dependencias.
Iglesia
de San Pedro de los Francos: Mantiene una estructura mudéjar
que se ve ornamentada con el pórtico gótico.
Iglesia de San Andrés: Destaca de todo su conjunto,
nuevamente, la torre mudéjar octogonal fácilmente
visible desde buena parte del casco urbano de la ciudad. Posee
tres naves en distintas alturas.
Iglesia
de San Juan el Real: Templo barroco de planta de cruz latina
flanqueado por su prominente torre. En las pechinas de la cúpula
aparecen las figuras de Agustín, San Ambrosio, San Jerónimo
y San Gregorio pintadas por el universal artista Francisco de
Goya.
Los
Cinco Castillos: Calatayud contaba con un recinto amurallado
que data del año 862 d. C. Y que estaba compuesto por cinco
castillos unidos entre sí por una muralla salpicada de
torreones. El más representativo de todos ellos es el castillo
de Ayyub, y hoy es uno de los lugares más frecuentados
por el turismo bilbilitano. El resto de fortalezas son el castillo
de la Torre Mocha, el castillo de la Peña, el castillo
de Doña Martina y el castillo del Reloj, también
llamado Real.
Palacio Episcopal: Alzado sobre la antigua zuda musulmana
fue ordenado construir por Francisco Porro y Reinado, obispo de
Tarazona. Hoy en día acoge el Museo de Arte Sacro de Calatayud.
Plaza de España: Plaza porticada de estilo aragonés
que en la época musulmana sirvió como principal
centro mercantil y posteriormente, siglos más tarde, como
coso taurino. Destaca la Casa Consistorial (S. XVI) y varias casas
solariegas. Simboliza uno de los antiguos centros neurálgicos
de la ciudad y desde ella se accede a buena parte de lugares de
interés turístico.
Puerta de Terrer: Denominada anteriormente puerta del Matador,
es una construcción bajo renacentista que fácilmente
distinguible por sus dos torreones semi-cilíndricos de
ladrillo y el arco que los une. Actualmente acoge la sede del
Centro de Estudios Bilbilitanos.